-Prométeme que me amarás siempre- le
dijo ella.
-Te lo prometo, nada ni nadie nos
separará por que nuestro amor es verdadero y real, inquebrantable- le juró
él.
Justo después la tierra se dividió en
dos, una gran brecha se abrió entre ellos, separándolos de por vida.
Imposible de sortear ese vacío, se
conformaron con hablarse desde un extremo a otro del acantilado.
Su amor, fue eterno, pero nunca pudieron
disfrutarlo...
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